De las muchas historias, mitos y leyendas sobre aquella época clásica y legendaria de los primeros safaris, probablemente sea la de los leones de Tsavo la más famosa.No en vano, se trata de una historia que lo tiene todo: está basada en hechos reales, los “malos” son dos animales legendarios, los “buenos” son personajes de la época romántica de los safaris; la historia tiene morbo, terror y sangre, y además se ha tardado muchos años en aclarar varios aspectos para poder diferenciar lo real de lo legendario.Parece un guión de cine, ¿no? pues si, tanto que hay dos películas basadas en estos hechos: “Bwana Devil“, de 1952 y “Los demonios de la noche” de 1996, protagonizada por Michael Douglas y Val Kilmer.

Ese sencillo puente que se ve en la foto superior, bien podría pasar completamente desapercibido. Probablemente quien vea esta foto se fije más en el tramo del rio Tsavo, o en el gran baobab de la derecha que localiza el paisaje indudablemente en África. Sin embargo en este mismo lugar pero 110 años atrás, esta tierra se empapó de sangre en unos acontecimientos en los que la realidad ha superado con creces la ficción. Este es el puente del ferrocarril sobre el río Tsavo diseñado y construido por el Coronel Henry Patterson, que costó la vida de aproximadamente 145 hombres que murieron devorados por una pareja de jóvenes leones, que pasaron a la Historia con el nombre de Ghost and Darkness (Fantasma y Oscuridad), los leones devoradores de hombres de Tsavo (Man-eaters of Tsavo).

(en plena construcción de las vias férreas)

110 años después, el lugar, como he indicado antes, pasa desapercibido en la inmensidad de los dos grandes Parques (Tsavo Este y Tsavo Oeste), la tierra roja del lugar, el verdor y frescor de la ribera del Tsavo y la espesa maraña de matorral espinoso y acacias bajas del paisaje, salpicado aquí y allá de baobabs. La carretera Nairobi – Mombasa pasa a excasos 300 metros del puente y el bullicio del intenso tráfico de camiones que distribuyen contenedores desde el puerto de Mombasa a todo el Este de África parece engullir este lugar mítico y legendario. Sin embargo en la magia de África es fina la tenue línea que cruza lo real de lo irreal, y en este caso más que en otro la leyenda es una cruda realidad. Cuando uno piensa que ese solitario baobab fue testigo mudo de aquella matanza y del más ancestral miedo que debieron pasar aquellos hombres, es imposible retener un escalofrío.Ni los 110 años transcurridos, ni el asfalto ni los camiones, ni el viejo recorrido del “Tren Lunático” puede borrar las vibraciones que transmite este lugar.

(trampas rudimentarias con las que se pretendia atrapara a las dos fieras)

La primera vez que oí hablar de la historia de los devoradores de hombres de Tsavo fue cuando era un niño. Mi padre me contó por encima la historia mientras buscaba un viejo libro en la biblioteca de casa. En la portada había una espeluznante ilustración de dos leones de demoníaca mirada y un cazador pertrechado con salacot y rifle express les miraba aterrorizado acompañado por un par de indús. No recuerdo cuantos años tendría, pero si recuerdo el terror que me provocó la historia al leer las palabras de Patterson. Años más tarde, y en el lugar de la matanza uno intenta imaginarse la escena, el campamento y ese Tsavo aún más inmenso sin carretera ni tren y absolutamente repleto de elefantes, rinos, búfalos… y uno cree escudriñar entre la hierba alta y los matorrales espinosos la silueta tenebrosa de aquellos gigantescos leones machos sin melena…Los leones de Tsavo.

(andamio en un arbusto para cazar a los leones)
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(uno de los leones abatidos? Pero, ¿qué llevo a dos leones machos sanos y fuertes a realizar tal matanza? Normalmente los Humanos no entramos en la dieta habitual de los leones, y es raro que ataquen a hombres a no ser que se vean amenazados o estén heridos y mermados de fuerzas y se vean obligados a ello. Para que estos dos leones decidieran darse tal festín es muy probable que en una o dos generaciones anteriores a ellos, sus abuelos y bisabuelos se acostumbraran a comer carne humana.
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(campamentos)
Esto fue debido con seguridad por la afluencia de caravanas swahili que cruzaban esta zona, dejando muertos por enfermedad sin enterrar y creando una carroña fácil y hasta entonces inusual para los felinos. Además las tribus de esta zona no suelen enterrar a los muertos, sino que los abandonan en la sabana para que los carroñeros den buena cuenta de sus restos. Por lo tanto estos hechos, y que muchos de los animales de Tsavo se vieran diezmados por una peste en aquella época, fue probablemente lo que les empujó a estos devoradores de hombres a incluir carne humana en su dieta.
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(Patterson y uno de lo impresionantes leones).
Venir a este lugar y reflexionar y sentir aquella historia, es ya de por si suficiente razón para ir al Gran Tsavo, sin duda un lugar de leyenda, esencia misma de África… y esa tierra roja que le recuerda a uno que esta es tierra dura, de vida, muerte, y por supuesto sangre.
Venir a este lugar y reflexionar y sentir aquella historia, es ya de por si suficiente razón para ir al Gran Tsavo, sin duda un lugar de leyenda, esencia misma de África… y esa tierra roja que le recuerda a uno que esta es tierra dura, de vida, muerte, y por supuesto sangre.
Patterson dejó escritas sus aventuras y sus infortunados intentos de cacería en su obra “Man Eaters of Tsavo“. En los años veinte vendió las pieles de los dos leones al museo Field de Historia Natural de Chicago, donde aún se exhiben disecados.
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