
El cíclope se apresta a aplastar a Draffud que, aun aturdido ve la sombra del pie cernirse sobre su humanidad. Sin mirar rueda sobre si mismo al momento que el pie de cíclope hunde el suelo donde antes estaba. Aicul vuelve al manantial y ve que el conbate continúa. Esboza una leve sonrisa. Se acomoda el cabello con un gesto de sus manos detrás de sus orejas. Seca sus lágrimas.
Ve que Draffud corre hacia el caballo y recoge el arco y las flechas que estaban sobre la hierba. Mientras corre monta una flecha. Tensa el arco, gira y dispara. Le da en una pierna. El cíclope se contorsiona dolorido. Draffud monta de un salto y se aleja a la carrera.
Aicul se ve feliz. Sin embargo el guerrero a unos docientos metros del cíclope detiene la carrera e inicia el regreso. El brioso corcel deja una nube de polvo tras sus poderosas patas. El jinete a galope tendido se para sobre el lomo del corcel y arma su arco.
Aicul otra vez preocupada...necio, necio...valiente y necio.
La flecha del guerrero silva en el aire hacia el blanco.
La saeta llega a la garganta del cíclope que quiere quitársela.
Otra vez tensa el arco y otra saeta llega al cuello. El cíclope tiene dificultades para respirar. En total se clavan tres saetas en su cuello y cae de rodillas.
Ya está casi llegando cuando imparte una orden al corcel...
_¡ Altooo ! -y el caballo se detiene bruscamente. El guerrero sale despedido, va girando en el aire y desenvainando su espada. Empuña la espada con las dos manos como sosteniendo una estaca. Llega a la altura de la cara del cíclope y entierra su espada en el único ojo...hasta el cerebro.
Fulminado el Cíclope se desploma de espaldas. Al morir no deja cadaver...desaparece igual que apareció.
Y así sigue una Hidra de siete cabezas y luego una Arpía a la que derrota ya en las cercanías del acantonamiento de Aicul. El guerrero victorioso, avanza en busca de la hechicera. Irrumpe en su caballo de guerra en los dominios de Aicul, buscando con la vista a la temible hechicera.
Se detiene ante una joven que le sale al paso. Envaina su espada y se apea del caballo. Camina hacia ella.
_ Dime, ¿ has visto a la hechicera?¿ Quién eres tú?...
Aicul acomoda su cabellera con un movimiento de su cabeza, alza su rostro desafiante y responde:
_ Me llamo Aicul, yo soy a quien buscas.
Draffud frunce el seño. La mira ladeando la cabeza con incredulidad y desconfianza.
_ Si eres la hechicera te mataré.
Rápidamente se abalanza sobre ella
Aicul lucha valientemente contra el guerrero pero sus fuerzas pronto la abandonan. Ruedan por la hierba. Queda a merced del guerrero. Él yase encima de ella puñal en mano sobre el delicado cuello. Draffud ve el collar de oro que ella trae.
_ Era cierto bruja endemoniada, mataste a la Archidruida.
_ Yo no la mate- se defiende Aicul.
_ Dime, porqué traes el collar de oro, sólo los Archidruidas lo llevan.
_ Era de mi padre...ellos lo mataron para heredar su poder.
_ Quieres decir que quien me envía a matarte es el asesino de tu padre?
_ No se quién te envía, pero será lo mas lógico...¿seré un cabo suelto?
El guerrero duda. Ve el pecho de Aicul subir y bajar con la respiración agitada por el desigual combate.
_ ¿Podrías dejar de hacer eso?- Pregunta Dreffud.
_¿ Y qué es lo que hago si me tienes sometida?.
_ Respirar...no repires.
Aicul agobiada deja caer los brazos que tenía sobre las espaldas del guerrero y pone de lado la cabeza.
_ No puedo creer que me pidas eso.
Draffud se da cuenta que en su mano ella tiene también una daga.
_ ¿ Tenías todo el tiempo esa daga en mi espalda?
_ Por supuesto.
_ Pudiste matarme.
_ Sí.
_ Eres más peligrosa que las otras criaturas a las que me enfrente.
_ Si vamos a seguir platicando...¿podrías quitarte de encima de mi?
_ Ni lo sueñes...no quiero.
_ ¿Porqué no?
_ No sé...me gusta estar aquí.
_ No puedo creerlo, esto es absurdo - dice ella suspirando resignada.
Al suspirar se levantan sus pechos y se entreabre su camisola de sueve cuero marrón.
_ No suspires - ordena Draffud.
Una suave brisa lleva al olfato del guerrero, la fragancia de la delicada piel de Aicul.
Huele a lavandas, lilas, jazmines...margaritas.
Draffud clava su puñal en el árbol que está detras de la cabeza de Aicul y la observa...apasionado.
_ ¿Qué?...¿qué me estas viendo?...no me veas - dice asustada.
_ Increíble...¿ ahora tú me das órdenes?
Draffud la besa.
Ella se resiste, pero no usa la daga. Él la sigue besando y ella suelta su puñal...se abraza a él. Ambos se prodigan caricias uno al otro y no paran de besarse.
Él acaricia sus piernas y su sexo. Ella su nuca, sus cabellos. Arden en deseos. Él aprieta su sexo contra el de ella que gime y se aferra a sus espaldas. Él mira esos senos que suben y bajan con cada respiración y con sus manos rasga la camisola.
Atrapa uno por vez en su boca...acaricia el otro. Levanta las escasas faldas de Aicul y sin dejar de besarla, la penetra...lentamente.
Ella susurra a los oídos del guerrero sus gemidos y acaricia sus cabellos. Él la arremete con sus caderas...ella con las suyas hasta que ambos desesperados parecieran devorarse.
Después de un buen rato, él todabía yase encima de ella. La acaricia, besa su naricita, sus labios...sus senos. Ella se deja mimar.
Después de un largo lapso de tiempo, él se levanta y muy románticamente exclama:
_ ¡ Tengo hambre!
Sin esperar respuesta se encamina hacia el inmenzo caldero negro que hierve y hierve. Toma un cucharón y bebe un poco.
_ Esta sopa está muy bién condimentada...cocinas como los dioses.
_ ¡ No bebas eso ! - aconseja la hechicera.
Draffud con aire desafiante toma un cucharón aún más lleno que el anterior y se lo bebe todo, sin dejar de verla a los ojos.
_ Rica tu sopa! - exclama arrogante.
Llena otra vez el cucharón...mirada desafiante...glu,glu,glu!
_ Eso no es sopa, tengo alli hierviendo mis calzones de toda la semana - dice la hechicera sonriendo.
Draffud atomizando en el aire el contenido de su sopa:
_ ¡ Recontra maldición! Eres la más detestable bruja que conozco. ¡ Te odio, bruja cretina!
Y ella ríe y rie sin parar.